Una lectura espiritual del terremoto que sacudió a Colombia
Mientras la geología explica el cómo, esta es una invitación a preguntarnos el porqué desde otro lugar.
Por estos días, las conversaciones en Cali tienen un único punto de partida. Da igual de qué hablemos después; lo primero es asegurarnos de que el otro esté bien, indagar sobre su familia, su casa y muchas veces compartimos dónde y cómo vivimos el temblor.
Sin embargo, como siempre pasa cuando hay una vivencia tan impactante, después del susto inicial surge la pregunta de fondo: ¿por qué ahora y no antes? ¿por qué de esta manera? Mientras los geólogos y los ingenieros nos hablan de placas tectónicas, fallas geológicas y gestión del riesgo, también estamos invitados a tener una perspectiva complementaria.
Desde un plano energético y espiritual, un evento de esta magnitud (vivido con tanta intensidad) nunca es solo un fenómeno físico. Es un mensaje profundo de la Madre Tierra (la Pacha Mama) y un espejo directo de nuestra propia energía personal y colectiva.
Y no hay una única verdad ni respuestas hechas, pero en este artículo les propongo algunas pistas para abrir la reflexión…
La Tierra como un organismo vivo: El reacomodo energético
No es tan distinto a lo que nos pasa a cada uno. Cargamos cosas sin darnos cuenta (una rabia sin soltar, un miedo aplazado) hasta que el cuerpo pasa la cuenta de cobro. La Tierra, como el organismo vivo que es, no funciona muy distinto: lo que se acumula abajo, eventualmente necesita salir. Y sale como puede: temblando.
Que el epicentro haya estado en Chocó, una de las zonas de mayor biodiversidad del planeta, y que la onda haya llegado con tanta fuerza hasta Cali y el Eje Cafetero, no deja de sentirse simbólico. Son tierras que han dado mucho y muchas veces han recibido poco.
Lo que se cae afuera, es lo que ya se movía adentro
Un terremoto tumba casas y agrieta paredes. Pero lo que colapsa por fuera casi siempre nos confronta con lo que ya venía flaqueando por dentro: unas maneras de pensar obsoletas, palabras no auténticas y acciones no sostenibles. Podíamos actuar como si todo estuviera bien y seguir con nuestra rutina, hasta que, de la nada, el 10 de agosto, el piso nos sacudió.
Y en lo colectivo pasa algo parecido. Cuando una sociedad sostiene tensiones sin resolver por mucho tiempo, cuando alimentamos odio y polarización política, esa energía no desaparece sola. Se queda circulando hasta que algo la obliga a moverse.
Lo que sí nació de esto
Paradójicamente, en medio del dolor, el caos y la incertidumbre se activó algo hermoso, casi de inmediato: una red invisible pero potentísima: la energía de la compasión, la solidaridad y la unión humana.
Cuando miles de personas se movilizan para ayudar, rescatar, donar y sostener al hermano que lo perdió todo, el campo energético del país experimenta un pico de cohesión.
Es momento de abrazar tu propia transformación
La tierra se sacudió para liberar tensiones acumuladas. Y nos sacudió a nosotros de nuestra rutina, devolviéndonos a la humildad frente a fuerzas mayores. Estos momentos impactantes nos invitan a soltar aquello que ya no sostiene nuestra vida, a perdonar, y a liberar lo que ya no sirve. Es una invitación a valorar lo esencial y a activar una profunda corriente de empatía y autocompasión (personal y colectiva).
Tratar de “ser fuerte” todo el tiempo o fingir que nada pasó “porque a otros les tocó más duro” solo postpone el proceso y genera bloqueo energético. La verdadera sanación comienza cuando nos permitimos habitar nuestra vulnerabilidad, mirar cuál era la grieta interior que teníamos pendiente de resanar y tener la valentía de hacer el cambio que nos está pidiendo la madre tierra.
Si sientes que la energía del sismo se quedó instalada en ti en forma de ansiedad, miedo al futuro o un cansancio profundo, estoy aquí para acompañarte a transitar este proceso de armonización y reconexión.
Regálate un espacio seguro para sanar. 🌿 Reserva tu cita de armonización y comencemos a restaurar tu equilibrio energético paso a paso.
