Angustia después del terremoto: por qué no se me quita y qué puedo hacer?

Bienestar · Sistema nervioso y cuerpo

Angustia después del terremoto: por qué no se me quita y qué puedo hacer

Si el miedo se quedó instalado en el cuerpo días después del sismo, esto es lo que está pasando y un gesto simple para empezar a soltarlo.

Si desde el terremoto sientes una angustia que no se va —un nudo en el pecho, ganas de llorar sin razón clara, o una sensación de alerta constante— no estás exagerando ni estás sol@. Es una de las reacciones más comunes después de un sismo fuerte, incluso en personas que no estuvieron cerca del epicentro.

¿Es normal sentir angustia días después del terremoto?

Sí. Miedo, angustia, tristeza o sensación de pérdida de control son respuestas normales después de un evento como este, y pueden aparecer incluso varios días o semanas después del sismo. El cuerpo activa una alarma interna ante el peligro, y esa alarma no siempre se apaga apenas termina el movimiento. A veces se queda encendida por dentro, aunque afuera todo esté tranquilo…

¿Por qué el cuerpo sigue en alerta si el peligro ya pasó?

Porque la parte del cerebro que activa esa alarma reacciona antes de que la parte racional pueda evaluar si el peligro sigue ahí. El problema no es esa activación inicial —es sana y fue la que nos protegió—. El problema aparece cuando el cuerpo no termina de recibir la señal de que ya puede bajar la guardia. Ahí es donde la angustia se queda “pegada”, incluso mucho después del evento impactante…

Un gesto concreto que todos podemos hacer: descargar el exceso de emociones con las manos

La angustia no se va porque decidas “calmarte” o porque repitas frases como “estoy bien, estoy a salvo” como un disco rayado. La angustia se suelta cuando el cuerpo siente, de forma concreta, que ya está a salvo.

Mientras le das ese espacio, un recurso muy sencillo que puedes hacer en casa para liberar el desespero y quitarte de encima el exceso de energía acumulada es el cepillado corporal:

Barrer hacia afuera la pesadez acumulada

  • Puedes usar un cepillo de pelo de cerdas suaves o, simplemente, utilizar las palmas de tus manos.
  • Pasa el cepillo (o tus manos) de arriba hacia abajo, cepillando tus brazos, tu torso, tus piernas, como si estuvieras quitando polvo, barriendo hacia afuera la pesadez.

Este simple gesto le ayuda a tu sistema nervioso a reconocer los límites de tu piel, recordándole a tu cuerpo dónde termina el peligro externo y ayudando a drenar la tensión estancada.

¿Cuándo buscar ayuda?

Si dos semanas después de los hechos la angustia no cede, si te cuesta dormir, comer o trabajar con normalidad, o si evitas de forma obsesiva entrar a cualquier edificio, es momento de buscar algún apoyo profesional. En Colombia puedes llamar gratis a la línea 106 del Ministerio de Salud, disponible las 24 horas.

También puedes pedir ayuda a un osteópata o un terapeuta alternativo cuya filosofía y ética de trabajo coincidan con tus valores. Esto se averigua visitando el sitio web.

Personalmente, me gusta trabajar confiando plenamente en la sabiduría del cuerpo del consultante. Sé que cuando se despierta el médico interno de la persona, es totalmente capaz de volver a su centro, y puede recuperar su capacidad de auto-regulación. Mi intervención no es nada invasiva y es muy suave: al sostener el cuerpo y los tejidos en zonas clave del cuerpo, ayudo a que el cuerpo reciba esa señal de seguridad que necesita para empezar a soltar la carga. No es hablar una y otra vez de lo que pasó — es darle al cuerpo el espacio y el tiempo para descargar lo que quedó atrapado.

Si sientes que esa angustia no se va normalizando, y sientes que necesitas una ayuda extra, escríbeme para agendar una sesión de acompañamiento bio-energético.

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